No podéis imaginar las veces que cambié el título. Admiro profundamente a aquellas personas que son capaces de escribir relatos breves y que con pocas palabras pueden remover el interior de una persona. En mi caso es al contrario, necesito poder extender mis pensamientos, relatos e historias más allá de las veinte páginas.
Cuando escribí el primer boceto de Al Extremo lo hice con bolígrafo y cuaderno. Para quiénes hayan tenido el 'privilegio' de sólo disponer de pluma y papel para escribir, sabréis muy bien el dolor de mano que puede provocar pasarse horas escribiendo en esta modalidad. Recuerdo que el cuaderno no fue suficiente y tuve que añadir otro. Si soy sincera, no recuerdo cuántas páginas me ocupó, pero los cuadernos comenzaron a sufrir desgaste y me vi obligada a reunificar las páginas sueltas, y me leí a mi misma de nuevo para ordenar aquél caos. Lo terminé y guardé en un cajón. Viajó conmigo hasta que pude pasar lo escrito a formato digital, entre el momento que firnalicé y me puse a copiar, la vida sucedió y con esto también una amplitud de perspectiva, así que mientras copiaba mi propia obra escrita (algunas páginas con letra casi imposible de entender) fui añadiendo y modificando muchas cosas, adaptándolas a mi yo de ese momento.
No sé si a algún escritor le ha pasado, leerse años después y pensar: "Ahora lo expresaría de otra manera".
A mi sí, por esta misma razón procuro no leerme mucho, para no discutir con mi yo de ese momento.
Después vino Al Otro Lado del Extremo, esta segunda parte nació de la necesidad de mantener a mi protagonista vivo, la auténtica virtud es poder darle una historia que merece. Teniendo en cuenta que mi personaje está inspirado en un amigo que falleció en circunstancias injustas hace mucho tiempo, es como querer darle un final (no sin la lucha correspondiente) decente.
Y en curso está la tercera parte que aún no he bautizado ya que, como comentaba al inicio de esta entrada, me es complicado resumir tanto sentimiento en una frase corta.
Mientras tomaban forma estos libros, escribí otros dos. Que afortunadamente uno ya tiene título final (también ha sido víctima de mi completa carencia de resumir habiendo cambiado el título al menos 4 veces o más) y otro que está pendiente pues encontré un titulo estupendo, tanto que ya existía y no me parecía ni original ni ético utilizar un título igual.
Me encanta escribir, pierdo la noción del tiempo y de la realidad. Sólo deseo que aquél que me lea pueda sentir a través de mis palabras las emociones que en ellas dejo grabadas según las estoy escribiendo.
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