Hoy me ha dado por pensar mucho en tí. Supongo que exisitían muchas circunstancias que de alguna manera embarcaban mi mente a un universo paralelo donde tú y yo podíamos conectar. Tu presencia ha sido tan evidente que a veces han habido momentos en los que he mirado a mi alrededor para comprobar si los demás podían sentirte como yo.
Me acerqué al cementerio para saludarte, es el único lugar físico con el que te puedo relacionar además de la plaza en frente de mi casa. Curiosamente, no me di cuenta de ese detalle cuando compré lo que ahora es mi hogar. Cada mañana al abrir la ventana frente a mi permanece el lugar donde pasabas horas muertas aislado de los demás. Creo que aún puedo verte, sentado en aquél banco, meditando en una repentina soledad, en absoluta perdición.
Supongo que nos faltaron muchas cosas por decir y hacer y por ello no te marchas de mi lado y tampoco quiero que te vayas, es egoísta lo sé, pero sintiéndote en mi día a día me hace más capaz, desde que aparecíste me diste fuerzas.
¿Cuántos habéis podido escuchar esa voz? ¿Sentir esa presencia? Una voz que proviene de un lugar desconocido, no es interior, no es exterior, pero está ahí resonando en tu cabeza. Un susurro evocado desde otra dimensión, una especie de tono que no podrías describir, pero lo percibes. A veces lo ignoras, otras miras a tu alrededor para asegurarte si era o no producto de tu imaginación, y otras te das el permiso de prestarle atención.
Me gusta darme permiso, ¿por qué no? Envolver un pensamiento con la voz que te indica, te guia, te comunica y a la vez te hace saber cosas que no eras consciente saber. ¿qué habrá más allá de este presente tan palpable y a la vez tambaleante?
Feliz día lectores.
Me acerqué al cementerio para saludarte, es el único lugar físico con el que te puedo relacionar además de la plaza en frente de mi casa. Curiosamente, no me di cuenta de ese detalle cuando compré lo que ahora es mi hogar. Cada mañana al abrir la ventana frente a mi permanece el lugar donde pasabas horas muertas aislado de los demás. Creo que aún puedo verte, sentado en aquél banco, meditando en una repentina soledad, en absoluta perdición.
Supongo que nos faltaron muchas cosas por decir y hacer y por ello no te marchas de mi lado y tampoco quiero que te vayas, es egoísta lo sé, pero sintiéndote en mi día a día me hace más capaz, desde que aparecíste me diste fuerzas.¿Cuántos habéis podido escuchar esa voz? ¿Sentir esa presencia? Una voz que proviene de un lugar desconocido, no es interior, no es exterior, pero está ahí resonando en tu cabeza. Un susurro evocado desde otra dimensión, una especie de tono que no podrías describir, pero lo percibes. A veces lo ignoras, otras miras a tu alrededor para asegurarte si era o no producto de tu imaginación, y otras te das el permiso de prestarle atención.
Me gusta darme permiso, ¿por qué no? Envolver un pensamiento con la voz que te indica, te guia, te comunica y a la vez te hace saber cosas que no eras consciente saber. ¿qué habrá más allá de este presente tan palpable y a la vez tambaleante?
Feliz día lectores.
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